


“..Recuerdo que era verano. Recuerdo el sol y las nubes grises. Recuerdo el lago Ranco en toda su extensión. Recuerdos los paseos en bicicleta por el cerro. Recuerdo las rocas en la playa y los piqueros en el agua. Recuerdos los copihues y su fruto. Recuerdo las manzanas y los huertos. Recuerdo los senderos olvidados por donde anduve tantas veces. Recuerdo haberme perdido en las montañas. Recuerdos los árboles y el viento. Recuerdo el sonido del agua fluyendo. Recuerdo que ahí te vi dentro...”
En esos momentos estaba sólo, lejos del camping, caminando por un sendero de algún cerro aledaño al lago, hacía frío y corría viento pero la aventura era más fuerte y la curiosidad de un niño es más fuerte que cualquier peligro. Podía escuchar como los árboles hablaban entre sí mecidas sus hojas por el viento, podía oler las nubes húmedas que caminaban justo sobre mi cabeza, podía escuchar el retorcer de las ramas y las raíces en el suelo y como se hacía cada vez mas fuerte el sonido de algún riachuelo.
Fue entonces cuando lo vi, por fin después de tanto caminar había llegado a un río que bajaba desde las montañas y terminaba en el lago. Me senté y tome un poco de agua, siempre me han gustado las piedras húmedas y en eso de buscar algunas para llevar vi un pequeño pedazo de tronco aplastado por las piedras. Aún tengo la imagen viva en mi mente; no estaba muy soleado pero las nubes no impedían el paso de la luz que hacía brillar el agua, la madera se veía tan viva en ese entonces, enmohecida y de un café oscuro e intenso, podía verse la luz sobre ella, lo cual hacía más bello aún ese trozo de madera, sin dudarlo más lo desenterré y lo limpie con el agua, tenía unas formas muy extrañas, ondas, calados medio circulares, algunos agujeros y un pequeño brazo que se asomaba por el lado.
Volví al camping y le mostré el trozo de madera a mi familia, todos me dijeron que lo botara, que no recogiera más cachureos pues ya tenía varias piedrecillas volcánicas en frascos, agua del lago, flores secas, en fin, una montonera de cachureos. Esas fueron unas de las mejores vacaciones que he tenido.
Quién diría que 12 años después rememoraría esos recuerdos en forma de palabras, y más aún en forma de sueño materializado, cuando ese trozo de madera yacía solo hace tanto tiempo en una repisa.
Entrega nº3 de escultura.
ResponderEliminarCinta de negativo de videocamara simulando un río.
interesante reflexión sobre la memoria.
ResponderEliminarfaltaron más aportes a tu blog
ah! y me encanta la princesa mononoke!!!
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